martes, enero 14, 2014

Maya Trek Zotz-Tikal (detrás de cámara)

Conversaciones de fogata
Entre arrieros, bomberos y periodistas
Biotopo San Miguel la Palotada, 2 de enero de 2014



Bombero: “Vos periodista, aquí hay muchos hongos alucinógenos. ¿También andás buscando?”.

Arriero: “Si el humo te sigue es celoso. Con penas vino el bombero. Pensando en ella”.

Bombero: “Eso no es cierto, acá estamos charlando con mi amigo periodista de hongos alucinógenos, de Tikal, de inspiración. La mujer que te respeta, te respeta. La que va dar el cilindro podés estar en la casa y atrás está dándolo mientras uno está durmiendo”.

Arriero: “Hay una gran estrella que se mira al poniente, grandota… así ve, cuando entra la noche, es la primera que sale. Conforme va la hora va bajando y va bajando. Una mi mujer me pidió que se la bajara. Y lo hice, pero se le fue”.

Periodista: “Esa es Venus. No es estrella, es planeta, y por el movimiento de la Tierra aparenta moverse, pero tengo un amigo astrónomo al que me gustaría preguntarle si estoy equivocado”.

Bombero: “¿Esa es Venus vos? yo tengo un mí penacho y me lo voy a poner cuando la vea. Un tocado así mirá. Tiene una máscara de Chaac, y a los lados unas orejas con hueso, me lo voy a poner cuando lo vea de nuevo. Uno ve arriba y dice que bonito es el cielo pero no cranea qué es. Periodista, no te querés poner un hongo para ver las estrellas”.

Q'eqchi'
Estilo de vida
“Nunca hables con un Q'eqchi' de religión para ellos es una ofensa si no crees en lo que ellos. Te empieza a apartar. La mejor forma de acercarte a ellos s hablar de trabajo. Te pueden adoptar culturalmente y así conoces poco a poco lo que hacen. Y aunque no creas como ellos, podés volverte su amigo, incluso pueden dar la vida por vos. Es para siempre. Comparten comida, bebida. Incluso podes formar parte de la comunidad pero siempre y cuando no trates de cambiar sus ritos”, Antonio Aguilar, guía.

El terreno
Tramo comunidad Cruce Dos Aguadas al biotopo San Miguel la palotada-El Zotz (23 km): Camino de dos metros de ancho, y suelo pedregoso debido a que el suelo en Petén es de roca caliza. Lodazales en algunas áreas debido a las lluvias.

Tramo el Zotz- Campamento el Yesal (15 km): senderos con tramos pedregosos y mayormente con aguadas (caminos o senderos inundados de agua que llega a los tobillos) no hay camino para auto pero si para caballos.

Tramo Campamento el Yesal- Tikal (15 km): senderos sumamente angostos. Hay que atravesar dos ríos. Uno por medio de un puente hechizo y otro a pié de un metro de profundidad, la corriente es leve. En algunos tramos, las aguadas ocupan distancias de 10 minutos a pie. No hay paso para caballos. En varias ocasiones, hay árboles derribados –por el viento, el tiempo o la tala ilegal- que bloquean el paso.

lunes, agosto 13, 2012

¿Te provoca una pared en blanco?... a Guatemala sí

Foto: Carla Molina

Fe de errata. Este texto lo escribí para el libro De mi barrio a tu barrio (http://bit.ly/Demibarrioatubarrio) sin embargo, el texto no fue utilizado por razones de espacio y tiempo según se me indicó.
Me enteré que el texto no se utilizó gracias a un periodista chileno radicado en Berlín a quien contacté y que de la forma más amable me informó que este texto no estaba en el libro... si no es así no me entero. Un tiempo después le escribí al contacto para que me notificara si esto era real quien me informo que, como decimos aca en Guate "Muchas gracias por participar... Siempre no, gracias (etc)". Con colgar esta publicación pido disculpas a toda la gente que me ayudo para realizarlo.

 Guatemala es una ciudad en la que convergen a diario tres millones de habitantes, tres millones de ideas y estilos de vida. En este momento, las galerías de arte y museos no logran capturar todo ese sentir, todas esas formas de expresión y es ahí en donde la capital se convierte en una pinacoteca viva: los artistas urbanos están asentados y tienen una meta no escrita, convertir la ciudad en un centro cultural sin puertas y para todos.
Los  muros son lienzos para artistas del grafitti, en ellos plasman sus piezas, cada vez es más difícil encontrar una pared en una calle transitada que no haya sido intervenida con una imagen; sus calles y parques, son escenarios de performances y festivales internacionales y la lista crece con el pasar de los años. Y aún así, si el guatemalteco no va al arte, este va a él e invita a todas sus clases sociales, colores de piel y nacionalidades; el escaso apoyo por años del Gobierno central, municipal y de la dependencia del Ministerio de Cultura y Deportes no es el pretexto para detenerse, el arte continúa: "Si te gusta pintar... ¡pintá!". Todos encuentran un lugar y un momento para expresarse en esta ciudad en un género que los cubre a todos, el del arte urbano que suma más de 20 años desde de su origen en esta metrópoli.
En la actualidad, los escenarios latentes en los que se puede conocer la obra de los artistas son diversos. El más reciente es el Paseo de la sexta, un espacio comercial recuperado y vuelto en una avenida peatonal que atraviesa dieciocho cuadras (casí dos kilómetros) en las que por las tardes, pintores, músicos, payasos, B-Boys, estatuas humanas e incluso bailarines de capoeira se apropian de esos espacios -solo por mencionar algunos-. En ese paseo, los artistas transportan al ciudadano de a pie a otros estados con su creatividad; el peatón ingresa todos los días a un espacio en el que interactúa con esa realidad artística.
Otra prueba de la actividad y constancia del arte urbano en Guatemala, son los cientos de grafittis que están en las bodegas de la Calzada Atanasio Tzul en el sureste de la ciudad. Es un espacio de al menos 200 metros que se ha convertido en un Hall of fame del grafitti guatemalteco –incluso en una puerta hay un manifiesto que define el sentido de ese lugar y la forma de cómo algunos profesionales del graff defienden el arte la comunidad graffitti: (ortografía de origen) 
“Esta va por vos, que con el uso de tu ignorancia venís/ para arruinar lo que varios años nos costó/ qué? creés que Wozer nació hace un año o dos?/ creés que soy un pseudo actor, un pseudo-artista?/ un payaso drogadicto como vos?.../ responden por mí más de 10 años de hip hop/ al graf le debo la vida que llevo hoy por hoy../ que hacés por mi país?? maltratar a Bush??/ y maltratás diciendo ‘fuck’ y no jodete en español no??/ no te cobijés bajo un techo que ninguna/ de tus manos construyó…/ respeté el graff te lo recomendamos todos/especialmente yo/  Woser”. 
Texto que está en un lugar que además es referencia en el país para nuevos artistas que buscan en la pintura de aerosol un mecanismo de expresión y un lugar de visita para artistas extranjeros que vienen por primera vez a la ciudad.

El arte a las calles: orígenes de ejemplos vivos
Una muestra de la influencia artística de otras naciones en el arte urbano guatemalteco es la presencia constante del graffiti en muros y paredones de la ciudad y que no sólo se encuentran en el Centro histórico, pues la periferia y los suburbios también son hojas en blanco de estos artistas. Prueba de ello es el uso de palabras en inglés además de la imagen y de la estética hip hop en las piezas de arte, o su estilo de vida pues en el país se pueden encontrar los cuatro pilares del hip hop (Graffitti, B-Boing, MC y Dj).
            Otro factor histórico que originó el arte urbano fue el regreso forzado de los inmigrantes guatemaltecos desde EE.UU., a finales de la década de 1980 y principios de 1990. Ese grupo de guatemaltecos trajeron en sus manos, la experiencia y el manejo del spray y no pasó mucho tiempo para que comenzarán a expresarse. 
Uno de estos escenarios fue la colonia San Antonio, un suburbio al norte de la capital (Zona 6). Es ahí donde el graffiti se instituyó como una visión global de piezas artísticas más allá de las pintas. Nace una búsqueda por expresarse en cada muro limpio o sucio de la ciudad. El arte tenía que ser visto por la población, las paredes no sólo mostraban frases políticas, también presentaban piezas del arte de graffiti. 
Como explican Seimer, Woser y Dhero miembros fundadores del colectivo Guate Graf, un crew formado en el 2005 por artistas urbanos con más de 10 años actividad en la cultura del graffiti guatemalteco. "Nosotros no comenzamos el graffiti en la ciudad. Somos una segunda generación. Y asimismo, nosotros trasladamos ese conocimiento y experiencia, sea en el proyecto Trasciende (http://guatemalahiphop.com), o en los cursos que damos en el ArteCentro Graciela Andrade de Paiz, o en las áreas marginales que visitamos" agrega Woser. Y a ello, Seimer agrega, "Los primeros artistas del graff, ahora ya no tiene piezas nuevas, pero su legado quedó. Lo que aprendimos viendo su trabajo".
            Los gestores del arte urbano, una gama de artistas de edades diversas, coinciden en que todo comenzó a principios de la década de los años 1990, cuando el arte cobró una mecánica distinta. En ese momento, el núcleo urbano del país y su Centro Histórico, se convirtieron en la cuna de artistas emergentes. Ellos encontraron en las calles el espacio que no obtenían en las escasas galerías de arte de la época, en medio de un tardío sistema de represión política –el final de la guerra interna estaba por terminar–, y fue en 1996 con la firma de la paz que el cambio fue evidente.
Ahora, son ellos, los hijos de la posguerra quienes por medio de artes diversas reflejan desde esa época su sentir y lo plasman en las calles en una ciudad en la que día a día amanecen nuevas expresiones, nuevas piezas artísticas. Para mencionar actores recientes está el colectivo Galería Urbana –integrado por Little, Nekosonik, Busines y Manito X –, un grupo de jóvenes que por la noche empapelan la ciudad, puentes y paredes de parqueos con stenciles artistístico, logran una intervención del espacio público lejos al vandalismo y plasman íconos pop.
Junto a ellos, otro exponente que ha cobrado un espacio importante en el arte es el colectivo Caja Lúdica (http://www.cajaludica.org/). Agrupación por el que han desfilado jovenes artistas que aprenden juntos y traladan el conocimiento sobre la ejecución de obras de teatro, clown, malabares y similar con un fuerte contenido social y que llevan a áreas marginales o como ellos mismos se describen “asociación civil sin ánimo de lucro, en la que confluyen jóvenes provenientes de distintos estratos económicos, académicos, sociales y culturales, que tienen como responsabilidad social, aportar a través de la formación integral y la sensibilización artística cultural, a la consolidación de la paz y la convivencia”.
            Pero ese colectivo pudo encontrar uno de sus orígenes en el festival de arte Octubre azul (un tributo a la Revolución de 1994) gestado en la segunda mitad de la década de 1990 y a la que se califica como la última pieza en la consolidación del nacimiento del arte urbano en Guatemala. De esa iniciativa salieron artistas, escritores, pintores, poetas y músicos que ahora son piezas importantes del arte contemporáneo guatemalteco. Fue en ese movimiento que que se gestaron los primeros festivales de Arte Urbano y que funcionaron como ejercicios experimentales que pretendian romper paradigmas como publican los sitio http://www.deguate.com/ y el diario http://www.dca.gob.gt/ sobre el origen del festival.
Incluso, esta iniciativa se fraguó antes de que primer Festival del Centro Histórico se realizara hace 15 años.  Fue en Octubre Azul que se organizaron conciertos masivos y gratuitos de rock en el Parque Central de la ciudad.
Hoy en día hay otros eventos de arte urbano pero éstos toman un matiz o régimen absoluto que dicta y estandarizan –como el Festival del Centro Histórico, dirigido por un comité que tiene una relación directa con la autoridad edil– lo que puede o no ser arte desde su visión, como explica el analista cultural Guillermo Monsanto, “para que no se salgan de control. Ganan por un lado pero pierden soltura al estar institucionalizadas.” Monsanto asegura que no por eso, este tipo de arte deja de ser libre pues hay otros grupos que siguen por su lado. Sin embargo los movimientos urbanos del presente son muy diferentes al Octubre azul, por ejemplo. “En el caso de los grafiteros, han llegado a consensuar espacios con la Municipalidad o áreas protegidas o específicas”.
El grafitti en la actualidad
En 2012, el arte urbano “se trata de un arte activo, que puede irse convirtiendo en algo sofisticado, pero eso únicamente es posible a partir de una tradición, una continuidad discursiva” dice Javier Payeras, escritor y analista cultural, sobre la escena actual de este mecanismo de expresión. “La firma de algunos grafiteros ya es evidente en las calles del centro.”
Pero esa sofisticación se origina del contexto guatemalteco que influye a los creadores callejeros en lo que plasman en sus obras. Ese es el caso de las imágenes de violencia que pueden encontrarse en lo cotidiano y, aunque esa violencia los hace expresarse, esta  no se encuentra en su arte: “La violencia es sólo un detonante, el desahogo les permite crear pero esa violencia no la reflejan en sus piezas” explica Woser de Guate Graf.
Pero esa sólo es una cara, pues también existen casos de creadores con un sistema familiar o colectivo que garantiza su bienestar individual, lo que posiblemente se traduzca en creación netamente artística. Sin embargo “al remitirnos al proceso de libertad expresiva en la sociedad guatemalteca, podemos suponer que la mayoría de las acciones del movimiento del grafitti responde a la represión social en los diversos espacios de interacción e intercambio humano” señala el sociólogo cultural Bernardo Euler Coy. Según explica, es falso creer que el origen del artista del graffiti sólo viene de un contexto de violencia, pero menciona que sí es evidente que el sistema social guatemalteco, a través de sus instituciones, responde en muchos casos con acciones violentas a ese sector. “Principalmente los relacionados a la seguridad pública, al no tener directrices o procedimientos claros de manejo a las intervenciones artística en espacios públicos o el respeto a la expresión social”, declara Euler.
El planteamiento del arte urbano “refleja la emergencia de colectivos sociales con ideas propias, aparentemente consensuadas, por ende una propuesta “cultural” o “contracultural”, en la que la calle solo es un lienzo que enuncia los procesos de intercambio intelectual y artístico, que podría suceder en espacios concretos, como organizaciones, casas particulares o la misma calle”. 
            En conclusión, el arte urbano es un fenómeno vivo, es el resultado de un diálogo el artista guatemalteco con su ciudad, a la que le da vida y color, la convierte en una inmensa intervención artística con una mirada fresca de jóvenes creativos. Y en palabras de Monsanto, esto incluye “desde los que hacen acrobacias, teatro callejero, performances y poetas.” Eso hace un intercambio con la gente de a pie que seguramente les abre la cabeza positivamente hacia otras posibilidades menos convencionales, explica Monsanto y finaliza: “Hay muchos espacios que cobran vida.”
El escritor Javier Payeras expresa que para él, el graffiti es un lenguaje visual que recurre a las calles para mostrarse y definirse. A pesar de que la Ciudad de Guatemala es una ciudad violenta, y a pesar de las historias de violencia que sufren los grafiteros en la ejecución de su trabajo como la persecución policial y en algunos casos social, ellos siguen expresándose de esta forma. ¿Por qué? “Pues ¿A vos (a ti) no te provoca una pared limpia?... a mí sí”.


El guatemalteco y sus mecanismos de expresión: graffiti

El arte del spray, como mecanismo de expresión dentro del arte urbano, puede ser estructurado en cuatro pilares acorde al sociólogo cultural Bernardo Euler Coy:
  
1. Como Movimiento sociales con frases políticas (generalmente consignas recicladas de momentos históricos de mayor conflictividad social). Con respecto a eso Monsanto refiere al desfile bufo La Huelga de todo los Dolores de la Universidad de San Carlos. El analista recuerda que el mayor auge fue durante la guerra interna. “Se empezó con un concepto incipiente de grafitti ya que la subversión anotaba pintas o dejaban ciertas efigies con stenciles como las del Ché Guevara” menciona Monsanto.

   2. Los mecanismo de expresión de las Pandillas (la Mara 18, Mara Salvatrucha, entre otras). Estos grupos poseían códigos visuales específicos para el reconocimiento de una territorialidad y diálogo entre filiales y rivales (movimiento que va en declive según se puede ver en la escena del grafitti). Pero en el pasado, principalmente durante la década de los años 1990, pero este fenómeno aunque va en declive. Esto responde, según el grafitero Sonar, a que la naturaleza de las padillas ha tomado otros rumbos. “Ahora las maras están más vinculadas con el narcotráfico que con el grafitti. La territorialidad ya no se marca con el spray” describe.
Ahora, artistas como los integrantes del colectivo Guate Graf ven en este fenómeno una oportunidad
y han convertido al graffiti en un mecanismo de educación. Lo ven como una herramienta de expresión y desarrollo personal que enseñan en zonas marginales de la ciudad.

  3. La tercera arista en la visión de Bernardo Euler Coy es la de los Movimientos culturales o contraculturales. Estos presentan propuestas de diseños que referencian símbolos de lucha social o propuestas innovadoras de carácter artístico que en algunos casos, tiende a evidenciar la presencia de un artista específico, mediante un diseño plástico y caligráfico diferenciado, o la redacción de escritos poéticos o narrativos.           

  4. Finalmente está la arista institucional: con la incursión de propuestas generadas por instituciones públicas como un intento de establecer normativas “políticamente correctas” del buen uso del graffiti  o por el impulso de organizaciones con acciones similares a las de instituciones públicas, sobre temas que institucionalmente se consideren humanitarios según indica Euler.


Fuentes consultadas:
http://www.deguate.com/ Entrevistados Javier Payeras, Bernardo Euler Coy, Guillermo Monsanto, Colectivo Guate Graff, Gerardo Galicia (Fla-K.O.)





lunes, diciembre 26, 2011

Aura


Non, je ne regrette rien

La música de Edith Piaf me recuerda a mi abuela materna. Pero eso no tiene una razón lógica. La vi dos veces en mi vida, o quizá más, pero solo recuerdo un encuentro. Fue en 1989, ella estaba totalmente marchita por el cáncer y yo veía con mis 6 años, como Ayrton Senna y Alain Prost se disputaban el título de la F1. Me dijo que pusiera lo que quisiera en la televisión. Que no le importaba. No recuerdo más. 

He visto fotos de ella, de los años 30 y 40 en los que tiene el cabello abombado como una Rita Haywort o una Joan Crowfort pero morena. Fotos en blanco y negro que parecen sacadas de un museo de historia. Sé pocas cosas de ella, y quizá sea mejor así. Sé que fue maestra de primera enseñanza y que trabajó toda su vida en eso y que logró hacerse de una casa en la colonia El Maestro, en el bulevar Vistahermosa en la zona 15. En la que ahora hay una tienda de ropa administrada por un koreano.

Pero sigo sin entender el porqué de su presencia en mi memoria junto a los temas de Piaf. Y así pasan los días, aunque más, las navidades. Poco a poco me construyo historias, la veo, la imagino junto a sus hermanas, en las fiestas de fin de año, escuchando la música de la época en la radiola y sobre todo, la veo cantando Non, je ne regrette rien como si tuviera la certeza de que la vida sigue, de que estamos en el mundo solo un instante y de que nada sirve arrepentirse. La veo regañándome, tratándome como un nieto malcriado que come antes de tiempo en la cena de Navidad. La imagino en postales navideñas, de pasados posibles, de pasados alternos. 

También la veo platicándome de cómo era la vida antes. Cuando todo era brillante, cuando la vida era exhibida en marquesinas como en una película de los años 40. Sé que se llamó Aura y que no la conocí como mi madre hubiera querido.

La foule 


Padam Padam